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PERSEO

Perseo era hijo del dios Zeus y la mortal Dánae.
Acrisio, rey de Argos, deseaba un hijo varón, pero sólo había tenido una hermosa hija llamada Dánae.
Cuando consultó al oráculo si podría tener hijos varones, éste le dijo:
- Tú no podrás engendrar hijos varones, pero tu hija Dánae tendrá un niño que te matará.
Para impedir esta profecía Acrisio encerró a su hija dentro de una torre de piedra y no dejaba entrar a nadie. Pero el dios Zeus la vio un día asomada a las almenas y se enamoró de ella, entonces tomó la forma de lluvia dorada para llegar hasta Dánae sin que nadie lo viera y pedirle que se casara con él. Dánae aceptó y tuvieron un hijo llamado Perseo.

«Dánae recibiendo la lluvia de oro» de Tiziano (Escuela Italiana). Museo del Prado.

«Dánae recibiendo la lluvia de oro» de Tiziano (Escuela Italiana). Museo del Prado (Madrid, España).


Acrisio no quiso matar a su nieto, así que encerró a Dánae y Perseo en un baúl de madera y los echó al mar. Zeus ordenó a Poseidón que calmara las aguas del mar y el arca llegó flotando a la isla de Sérifos en cuya costa los encontró el pescador Dictis que los llevó a su casa y educó a Perseo como a su propio hijo hasta que se convirtió en un valiente y apuesto joven, dotado de todas las virtudes.
Polidectes, rey de Sérifos, se enamoró de Dánae nada más verla y todos los días le pedía que se casara con él, pero Dánae siempre respondía que ya estaba casada con el dios Zeus.


Cuando Perseo cumplió 15 años Polidectes pidió a cada habitante de la isla de Sérifos un caballo para ofrecer una gran dote a una princesa de Grecia con la que quería casarse.
Perseo fue a hablar con el rey Polidectes y le dijo:
- No tengo caballos, ni tampoco dinero para comprarlos, pero si prometes dejar de molestar a mi madre te traeré cualquier cosa, incluso la cabeza de la górgona Medusa.
Medusa había sido una bellísima mujer a la que la diosa Atenea había castigado convirtiéndola en una górgona, monstruo horrible con alas, enormes dientes y serpientes en lugar de cabellos. Si alguien la miraba se convertía en piedra.
Polidectes aceptó el ofrecimiento de Perseo porque pensaba que Medusa lo convertiría en piedra y así nadie le impediría casarse con Dánae.
Zeus ordenó a los dioses que ayudaran a su hijo Perseo a cumplir su promesa. Atenea le regaló un escudo tan pulido que reflejaba las imágenes como un espejo para que pudiera ver a Medusa sin convertirse en piedra y el dios Hermes una hoz muy afilada para que pudiera cortar la cabeza de Medusa.
Pero Perseo necesitaba algunas cosas más que guardaban las náyades de la laguna Estigia. Unas sandalias con alas para poder volar, un zurrón mágico para guardar la cabeza de Medusa y el casco del dios Hades que hacía invisible a quién lo llevara. Como no sabía dónde estaba la laguna Estigia tuvo que preguntar a las tres grayas, que eran tres viejas hermanas que vivían en el monte Atlas y sólo tenían un ojo y un diente para las tres y para poder ver y comer se los iban pasando de una a otra.


Perseo con la cabeza de Medusa

Perseo se colocó detrás de las grayas sin que lo vieran y les quitó su único ojo y su único diente. Cuando las tres hermanas le dijeron a Perseo el camino secreto de la laguna Estigia, éste les devolvió su ojo y su diente.
Cuando encontró a las náyades las amenazó con contar a todo el mundo lo feas que eran y dónde vivían si no le prestaban el zurrón mágico, el casco de la invisibilidad y las sandalias con alas. Las náyades le prestaron todas esas cosas y con ellas Perseo se fue a Libia, dónde vivía la górgona Medusa.
Gracias a las sandalias con alas y al casco que lo hacía invisible pudo llegar hasta la górgona sin que ella lo viera y mirando a través del escudo le cortó la cabeza con la hoz. De la sangre de Medusa nació el caballo Pegaso. Perseo recogió la cabeza y, sin mirarla, la guardó en el zurrón mágico y emprendió el camino de vuelta.

El titán Atlas sujetando el mundo.

Cuando fue a darle las gracias a las tres hermanas grayas por su ayuda el titán Atlas lo llamó y le dijo:
- Dile a tu padre Zeus que como no me libere pronto de este trabajo dejaré de sujetar el cielo y el mundo se acabará para siempre.
Rápidamente Perseo le enseñó la cabeza de Medusa, Atlas se convirtió en piedra y formó la cordillera del Atlas.
Más tarde salvó a Andrómeda, una hermosa princesa, a la que había raptado un terrible monstruo marino. Perseo y Andrómeda se enamoraron, pero Fineo, rey de Tiro, quería casarse con Andrómeda y se presentó con su ejército para impedirles que se marcharan. Perseo sacó la cabeza de Medusa y los petrificó a todos.
Luego le regaló la cabeza de Medusa a Atenea y le pidió a Hermes que devolviera el casco, el zurrón y las sandalias a las náyades de la laguna Estigia.


Perseo y Andrómeda se casaron y se fueron a Argos a conocer a Acrisio, abuelo de Perseo. Cuando Acrisio se enteró que su nieto estaba a punto de llegar se fue de Argos y se escondió para evitar la profecía.
Perseo no pudo conocer a su abuelo. Pero un día que estaba participando en unos juegos deportivos, organizados por el rey Teutámides de Larisa, su abuelo Acrisio estaba entre los espectadores sin saber que su nieto era uno de los competidores. Cuando llegó el turno del lanzamiento de disco un golpe de viento desvió el disco de Perseo y partió la cabeza a su abuelo, cumpliéndose así la predicción del oráculo.
Perseo y Andrómeda vivieron felices muchos años y cuando murieron el dios Zeus los convirtió en las constelaciones que llevan sus nombres.

© Francisco J. Briz Hidalgo
Todos los textos pertenecen al libro «Mitología para niños» de Francisco J. Briz Hidalgo que tiene los derechos de autor reservados y no pueden ser reproducidos, ni parcial ni totalmente, sin autorización previa de su autor.

El huevo de chocolate