El huevo de chocolate
El "huev" más "guachi"

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SELECCIÓN DE POESÍAS INFANTILES

EL PERRO VIEJO

Félix Villota Zapatero

Hay quien dice que es historia
y hay quien afirma que es cuento,
cuento o historia yo estimo
que es un saludable ejemplo.
Señores, este era un hombre
aficionado en extremo
a la caza, que tenía
en gran estima a su perro.
Y razón tenía el hombre
para estimarlo y quererlo
porque el perro era notable
como listo y como bueno.
Algunos grandes señores
entusiasmados con su mérito
hicieron proposiciones
ventajosas a su dueño.
Pero éste que le tenía
también en muy alto precio,
no quiso venderlo nunca
por mucho que le ofrecieron.
Fueron pasando los años
y como el pícaro tiempo
no perdona en sus rigores
ni a los hombres ni a los perros.
Juan que se llamaba el hombre,
Canelo que era el perro,
se fueron quedando torpes,
delicados y viejos.
¡Qué demontres! exclamaba Juan
con humos muy negros,
ahora que me hace más falta
es cuando me sirve menos.
Ya tiene menos olfato
y se encuentra medio ciego;
en cuanto corre unas horas
vuelve a casa medio muerto.
Ya ni poco ni mucho,
hacía en el cazadero.
Juan decidió deshacerse
de aquel animal molesto
sin recordar los servicios
que le prestó en otros tiempos.
Pero no encontrando nadie
que quisiera un perro enfermo,
decidió resueltamente
matarle por cualquier medio.
Pensó primero ponerle
en la comida un veneno,
pero pensó que serían
muy grandes los sufrimientos.
¡Darle un tiro! No tenía valor
para hacerle fuego.
Y dando vueltas a su plan
forma un proyecto:
llevarle al mar en un bote
y echarle al fondo. En efecto,
hizo lo que se propuso,
pero le ató mal al cuello;
la piedra se cae al fondo
y queda nadando el perro.
Juan al ver que se venía
nadando el pobre a su encuentro
se puso desesperado
y por la cólera ciego.
Trató de hundirle atontándole
a trastazos con el remo
no acertándole en la cabeza
y no dándole muy recio,
pues siempre al lado del bote
seguía el pobre Canelo.
Redobló el hombre su furia,
sacudió en tal esfuerzo,
que perdiendo el equilibrio
cae al agua y, al momento,
el perro viene nadando
para salvar a su dueño.

(Nuestro agradecimiento a Guillermo Montalt por su colaboración desde Bruselas)


LOS ÁRBOLES SON TESOROS  

(Enviada por Honoria Pérez Marín)

Son los árboles tesoros
que en la tierra puso Dios,
grandes bienes para el hombre
que para él aseguró.
Tiene el aire por el árbol
saludable condición,
ecos dulces de las aves,
de las flores grato olor.
Dan los árboles la fruta,
dan madera, dan carbón,
la lluvia fecunda atraen,
las hojas tapan el sol.
Debe el niño bien criado
a los árboles amor,
defender los brotes nuevos
y evitar la destrucción
y así crecerán a un tiempo:
árbol, niño y los dos
serán útiles al mundo
y tendrán su bendición.


EL NIÑO

(Enviada por Honoria Pérez Marín)

Tendido se hallaba un niño,
los libros cerrados siempre,
unas veces por asiento,
por cabecera otras veces.
Un viejo que fatigado
con la hoz segaba mieses cerca de él,
con desenfado le dijo al par:
- ¡Qué imprudente
niño incauto! ¿no ves que el tiempo
que dejas pasar no vuelve?
- Tiempo tengo, dijo el niño, de estudiar.
- Sí, joven eres, sacude pues tu pereza
y piensa más diligente
que el tiempo una vez perdido,
perdido está para siempre.


EL GATITO VINAGRITO


(Enviada por el Mago Artemio desde Miami)

Vinagrito es un gatito
que parece de algodón,
es un gato limpiecito, 
enanito y juguetón.
Le gustan las sardinas 
y es amigo del ratón, 
es un gato muy sociable, 
mi gatito de algodón.

Yo le puse Vinagrito, 
por ser feo y chiquitito,
pero tanto lo cuidé,
que parece Vinagrito,
un gatito de papel . 
Miau, miau, miau,
con cascabel.

Estaba en un cartucho, 
cuando yo lo recogí,
chiquitito y muerto de hambre,
botado por allí.
Le di un plato con leche 
y se puso tan feliz,
que metía los bigotes, 
las patas y la nariz. 

Yo le puse Vinagrito, 
por ser feo y chiquitito,
pero tanto lo cuidé,
que parece Vinagrito,
un gatito de papel. 
Miau, miau, miau,
con cascabel.

No sube al tejado 
porque no sabe subir,
sentado en la ventana 
mira la Luna salir.
La Luna es un queso 
metida en un mar de añil,
y mi gato se pregunta 
si habrá sardinas allí.

Yo le puse Vinagrito,
por ser feo y chiquitito,
pero tanto lo cuidé,
que parece Vinagrito,
un gatito de papel. 
Miau, miau, miau,
con cascabel.



LA ROSA

Hermanos Álvarez Quintero

Era un jardín sonriente;
era una tranquila fuente
de cristal;
era, a su borde asomada,
una rosa inmaculada
de un rosal.
Era un viejo jardinero
que cuidaba con esmero
del vergel.
Y era la rosa un tesoro
de más quilates que el oro
para él.
A la orilla de la fuente
un caballero pasó,
y la rosa dulcemente
de su tallo separó.
Y al notar el jardinero
que faltaba del rosal,
cantaba así, plañidero,
receloso de su mal:
- Rosa, la más delicada
que por mi amor cultivada
nunca fue;
rosa la más encendida,
la más fragante y pulida
que cuidé;
blanca estrella que del cielo,
curiosa de ver el suelo,
resbaló;
a la que una mariposa,
de mancharla temerosa,
no llegó.
¿Quién te quiere? ¿Quién te llama
por tu bien o por tu mal?
¿Quién te llevó de la rama,
que no estás en el rosal?...


MALUCHA ESTA MI MUÑECA

Malucha está mi muñeca;
anteayer se resfrió
porque, jugando, sudó
y después bebió agua fresca.
Toda la noche delira;
se le ha subido el color
y se queja del dolor
que siente cuando respira.
Mi hermana María Luisa
de doctora se ha vestido 
y a visitarla ha venido
corriendo, a toda prisa.
Después de larga visita 
y de auscultarle la espalda
ha exclamado «¡Dios me valga,
mala está la muñequita!»
La pequeña estaba inquieta
llorando, llora que llora,
y al terminar, la doctora 
me ha dejado esta receta:
«Cada hora, seis bombones;
para beber, naranjada;
al mediodía, turrones
y mañana está curada».
Mi muñeca ya está buena,
pero empiezo a sospechar 
que con tales medicinas
pronto volverá a enfermar.


GRATITUD

Eduardo Vega Rodríguez

Cada vez que me cruzo en la calle 
con un noble viejo,
a quien tiemblan las piernas y abate 
de la vida el peso,
inefable impresión de ternura 
en el alma siento:
le saludo, y su mano arrugada 
con cariño estrecho. 
A veces, alguno, ignorando 
la causa del hecho, 
pregunta curioso: «¿Es acaso 
de usted algún deudo?»
«Algo más, -le respondo orgulloso- 
ese noble viejo 
a quien amo y saludo, ése ha sido 
mi primer maestro».


LOS RATONES

Lope de Vega

Juntáronse los ratones 
para librarse del gato;
y después de largo rato 
de disputas y opiniones,
dijeron que acertarían 
en ponerle un cascabel,
que andando el gato con él,
librarse mejor podrían.
Salió un ratón barbicano, 
colilargo, hociquirromo
y encrespando el grueso lomo,
dijo al senado romano,
después de hablar culto un rato:
- ¿Quién de todos ha de ser
el que se atreva a poner 
ese cascabel al gato?

LOS POLLITOS

Son preciosos 
mis pollitos 
menuditos. 
Son tan tiernos, 
tan chiquitos, 
tan sedosos, 
tan finitos, 
que en el mundo 
no hay pollitos 
tan bonitos.

Pían, corren,
hurgan, saltan,
buscan, chillan,
vienen, van,
se pelean 
como locos
por un pedazo 
de pan.

La señora 
doña Clueca 
los vigila 
sin cesar.
Los defiende 
de los gatos, 
y los saca 
a pasear.

Son tan tiernos, 
tan chiquitos, 
tan sedosos, 
tan finitos, 
que en el mundo 
no hay pollitos 
más graciosos
más bonitos
que mis pollos 
menuditos.


A UNA NIÑA

Carlos Ossorio y Gallardo

- ¡Papá, papá!, -decía 
la tierna Rosa, del jardín volviendo-.
la jaula que guardaste el otro día 
no seguirá vacía,
porque he logrado el nido que estás viendo.
¡Mira qué pajaritos tan pintados!
En esa jaula les pondré su nido;
prodigaré solícitos cuidados 
a los que aprisionar he conseguido,
y les daré en constantes ocasiones,
migas de pan, alpiste y cañamones.
Luego la jaula pintaré por fuera
y mandaré que doren su alambrera...
Pero, ¿en qué estás pensando?
¿No me escuchas papá?, ¡te estoy hablando!
- Sí, querida hija mía;
pensaba al escuchar esa querella,
que en la cárcel me han dicho que hay vacía 
una celda muy bella...
y que te pienso trasladar a ella.
Como allí el reglamento es algo fuerte,
ni tu mamá ni yo podremos verte;
pero te mandaremos cien brocados
que aumenten tu hermosura,
haré dorar cerrojos y candados,
y de bronce pondré la cerradura.
Pero ... ¡cómo! ¿Llorando estás por eso?
- Ya no lloro, papá; te he comprendido...
Corro a llevar al árbol este nido,
y... vuelvo por un beso.

© El huevo de chocolate


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