El huevo de chocolate
El "huev" más "guachi"

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POEMAS DEDICADOS A LAS MADRES

PARA TI ESTA ROSA

Jesica Kristine Hayes Bernhard, 12 años

Para ti esta rosa.
Aunque no es la más preciosa
te la doy con mucho amor
para que me quieras sin temor.

La rosa
una bella flor
es mi corazón.
Delicada,
perfumada
con un bello color.
Me calienta el alma
con un fuego acogedor.

Tú, mamá,
siempre estarás,
y tendrás,
mi corazón.

¡Yo soy esa rosa
que necesita de tu cuidado
y bello cariño!

  MI REGALO PARA MAMÁ

Juan Guinea Díaz

Le regalo a mi mamá
una sonrisa de plata
que es la que alumbra mi cara
cuando de noche me tapa.

Le regalo a mi mamá
una caperuza roja
por contarme tantas veces
el cuento que se me antoja.

Le regalo a mi mamá
una colonia fresquita
por no soltarme la mano
cuando me duele la tripa.

Le regalo a mi mamá
una armadura amarilla
que la proteja del monstruo
que espanta en mis pesadillas.

Le regalo a mi mamá
el lenguaje de los duendes
por entender lo que digo
cuando nadie más lo entiende.

Le regalo a mi mamá
una chistera de mago
en la que quepan mis besos
envueltos para regalo.


MI MADRE

Verónica Bonfiglio Zanelli,
10 años, Uruguay.

¡Qué azul es el cielo!
¡Qué blanca es la arena!
¡Qué linda es mi madre,
tan dulce y tan buena!

LO BELLO

Lucía Olmedo, 9 años

A mi madre

Bello es lo bello
igual que tú
que tú y la rosa
y el paspartú.


MADRES

Francisca Soler Guerrero, 9 años.
Valparaiso, Chile.

para mi mamá

Sin ti yo me muero,
sin ti yo no estoy.
Madre mía
tú eres mi corazón.

A MI MADRE

Lucía Olmedo, 9 años

Me dio la vida,
me dio su amor,
y yo se lo pago
con mi corazón.

Ella es muy linda
Ella es mi madre
Ella es la estrella
que mi camino abre.



CADA DÍA

Camila Cardozo Rodríguez, Argentina, 10 años

Para mamá

Cada día mamá
está más linda.
Cada día
la quiero más.
Al otro día
la extraño más.
Es por eso
que cada día
con mamá
vale más.

Quién subiera tan alto como la luna

Kevin Piña Alor

Quién subiera tan alto como la luna
para ver las estrellas una por una
y escoger entre ellas la más bonita
para alumbrar el cuarto de mi mamita.


LA VIDA

Ellisyem Díaz Méndez, 10 años de edad, Venezuela.

Como la vida es un regalo, un regalo para todos
aquellos que amamos, y disfrutamos de nosotros,
¿por qué la vida es tan dulce como amarga?
si cada vez que paseamos con un ser querido
disfrutamos en todo sentido,
no seria justo que cada día fuera amargado,
pero la dulzura no siempre es buena,
a veces necesitamos de alguien
que nos amargue el día,
en un buen sentido de la palabra.
Muchas veces la vida nos engaña,
enamora y nos complace,
pero yo por lo menos quisiera,
sólo por un día,
que la vida que tengo no fuera mía,
claro me encanta esta vida,
sólo digo que esta vida que tengo
algún día se la quisiera dar a mi madre
para que algún día,
cuando le llegara la hora de partir,
pudiera un rato más vivir.


EL DIA DE LA MADRE

(Enviada por Mª Ángeles del Pozo)

Venga la risa a la casa,
huya de la casa el llanto,
hoy me ha dicho un angelito
Madre mía que es tu santo
y te voy a regalar
una cosa que he pensado.

Ser más buena cada día
hacerte bien los recados
estudiar, ser obediente
y hacerte feliz en pago
de todo lo que trabajas
en la casa sin descanso.

Aunque yo soy muy pequeña
me doy cuenta del trabajo.
Hoy es día de la Madre
mira como bailo y canto
porque bajaron los ángeles
a decirme que es tu santo.

EL CONSEJO MATERNAL

Olegario Víctor Andrade

Ven para acá, me dijo dulcemente
mi madre cierto día.
(Aún parece que escucho en el ambiente 
de su voz la dulce melodía)
- Ven y dime qué causas tan extrañas 
te arrancan esa lágrima, hijo mío,
que cuelga de tus trémulas pestañas
como gota cuajada de rocío.
Tú tienes una pena y me la ocultas;
¿no sabes que la madre más sencilla
sabe leer en el alma de sus hijos 
como tú en la cartilla?
¿Quieres que te adivine lo que sientes?
ven acá pilluelo,
que con un par de besos en la frente
disiparé las nubes de tu cielo.
Yo prorrumpí a llorar. Nada le dije.
- La causa de mis lagrimas ignoro,
¡pero de vez en cuando se me oprime 
el corazón y lloro!...
Ella inclinó la frente pensativa,
se turbó su pupila,
y enjugando sus ojos y los míos,
me dijo más tranquila:
- Llama siempre a tu madre cuando sufras,
que vendrá muerta o viva;
si está en el mundo, a compartir tus penas;
y si no, a consolarte desde arriba.
Y lo hago así cuando la suerte ruda,
como hoy, perturba de mi hogar la calma,
invoco el nombre de mi madre amada,
¡y entonces siento que se me ensancha el alma!


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