El huevo de chocolate
El "huev" más "guachi"

Estás en > El huevo de chocolate > Fábulas de Samaniego

FÁBULAS DE SAMANIEGO

EL LABRADOR Y LA PROVIDENCIA

Un labrador cansado, 
en el ardiente estío, 
debajo de una encina 
reposaba pacífico y tranquilo.

Desde su dulce estancia 
miraba agradecido 
el bien con que la tierra 
premiaba sus penosos ejercicios.

Entre mil producciones, 
hijas de su cultivo, 
veía calabazas, 
melones por los suelos esparcidos. 

«¿Por qué la Providencia 
-decía entre sí mismo-
puso a la ruin bellota 
en elevado y preeminente sitio?
¿Cuánto mejor sería 
que, trocando el destino, 
pendiesen de las ramas 
calabazas, melones y pepinos?» 

Bien oportunamente, 
al tiempo que esto dijo, 
cayendo una bellota, 
le pegó en las narices de improviso.

«¡Pardiez! -prorrumpió entonces 
el labrador sencillo- 
¡Si lo que fue bellota 
algún gordo melón hubiera sido, 
desde luego pudiera 
tomar a buen partido, 
en caso semejante, 
quedar desnarigado, pero vivo!» 

Aquí la Providencia 
manifestar quiso 
que supo a cada cosa 
señalar sabiamente su destino. 

A mayor bien el hombre 
todo está repartido: 
Preso el pez en su concha, 
y libre por el aire el pajarillo.


© El huevo de chocolate



Más fábulas de Samaniego

¡Me gustan las fábulas!
Volver a la página principal
El huevo de chocolate